Luis Adolfo
Medal Mendieta, Ingeniero e Historiador
Al celebrar este mes de septiembre, el 192 aniversario
de la Independencia de Centroamérica, con las llamadas “Fiestas Patrias”, y habiendo también conmemorado en el pasado
mes de julio, el 120 aniversario de la
revolución de Zelaya de 1893 y el 34 aniversario de la revolución sandinista de 1979, debemos
reflexionar sobre nuestra Historia, para escudriñar el verdadero significado de
la llamada Independencia de España, y de las “Revoluciones” de Nicaragua, ya
que como mencionamos en nuestro artículo anterior, en Nicaragua no ha habido
una verdadera Independencia, ni ha habido una verdadera Revolución, por lo que
nos encontramos en la actualidad, en la mismas o peores condiciones que durante
la dictadura somocista. El Estado-botín, que es hijo, en buena medida de la
Conquista y la Colonización de España,
continúa vigente en Nicaragua, junto con la pobreza y el subdesarrollo, porque
ni la Independencia ni las Revoluciones de Nicaragua, han logrado transformar
las estructuras mentales atrasadas y corruptas de las élites, la ignorancia
de las mayorías y lo obsoleto de nuestros sistemas productivos.
El estudio de nuestra Historia es indispensable para
todos los que queremos transformar Nicaragua en una república democrática y una
nación próspera, ya que sólo el conocimiento de las causas estructurales e
históricas de nuestro atraso político, social y económico nos permitirá
construir un mejor futuro.
1. La llamada Independencia de España
Lo que tuvo lugar en Ciudad Guatemala el 15 de
Septiembre de 1821, más que una verdadera Independencia fue sencillamente la
separación pacífica de España, que no
tenía ni posibilidades ni interés en
seguir manteniendo como colonias a las empobrecidas provincias de la Capitanía General
de Guatemala.
No se puede considerar como verdadera Independencia
a la proclamación de una serie de Actas,
discutidas y redactadas por las mismas autoridades coloniales y los criollos principales en ciudad
Guatemala y el resto de Centroamérica a partir del 15 de
Septiembre de 1821. Independencia que
dejó en sus puestos a las mismas autoridades españolas y conservó en esencia las mismas Leyes e Instituciones coloniales y
en el campo económico las mismas estructuras productivas y las desigualdades
sociales: los criollos centroamericanos
continuaron en posesión de sus grandes latifundios explotando la mano de
obra ladina e indígena.
Nuestra llamada
Independencia de España se dio sin guerras, sin un solo combate, sin disparar
un solo tiro, sin héroes ni muertos. La separación de España fue producto
principalmente de causas externas que fueron manipuladas hábilmente por los
intereses criollos. La Independencia del reino de Guatemala se produce como un apéndice de la
independencia de México no ligada, sin embargo, a los movimientos
revolucionarios de Hidalgo y Morelos, sino al habilísimo “Plan de Iguala” de
Agustín de Iturbide, que con los tratados de Córdoba concilió los intereses de
criollos y monárquicos al ofrecer el trono del imperio mexicano a un miembro de
la casa real española. La anexión posterior de Centro América al imperio
mexicano fue producto de las hábiles maniobras de los criollos
centroamericanos, quienes ante la imposibilidad de continuar ligados a España,
buscaron la perpetuación de sus privilegios en el Imperio Mexicano regido por
un monarca español. Esto se debió a que la monarquía española, sacudida en su
absolutismo por la invasión napoleónica, concentró sus gastadas fuerzas en
tratar de contener el movimiento independentista en América del Sur. El reino
de Guatemala, no ameritaba tal esfuerzo, ya que para esos días no era una
colonia rentable, teniendo que ser sufragados los gastos de la administración
española por la caja real de México.
En lugar de Independencia lo que realmente ocurrió en
Centroamérica el 15 de Septiembre de 1821, fue el abandono por parte de España,
por falta de interés y por el desgaste de sus fuerzas en sus colonias más
importantes, de las lejanas y pobres provincias de la Capitanía
General de Guatemala.
2.
Las llamadas “Revoluciones”: la liberal de
1893 y la sandinista de 1979.
Si entendemos por revolución, en el campo político, un
cambio radical en las instituciones políticas y la implantación de nuevas
formas de gobierno, podemos afirmar que así como nuestra llamada Independencia
de España, no implicó prácticamente ningún cambio en las instituciones,
estructuras sociales, leyes y formas de
Gobierno, tampoco las llamadas Revoluciones en Nicaragua, Liberal y Sandinista,
han sido verdaderas revoluciones, en el sentido estricto sentido del término.
Aunque la Revolución de Zelaya de
1893 y la Revolución
Sandinista de 1979, implicaron un cambio violento de los
gobiernos, en gran medida a lo más que llegaron
es a ser revoluciones abortadas,
porque las estructuras sociales y económicas que pretendieron cambiar,
continuaron en gran medida siendo las mismas. Zelaya por una parte lo que hizo
fue continuar las políticas liberales iniciadas en la última etapa de la República
Conservadora : En el plano económico continuó y apoyó el
cultivo del café, y continuó con la
construcción del ferrocarril, y las líneas telegráficas. Los cambios más
significativos que se dieron en la educación y en la implantación del Estado
laico, fueron en gran medida abortados, con la posterior restauración de los
gobiernos conservadores. Por otra parte, la llamada Reincorporación de la
Mosquitia llevada a cabo por Zelaya constituyó llanamente un proceso de
explotación de las poblaciones indígenas y étnicas, así como neocolonización
interna de la costa caribe, que hasta esa fecha, nunca estuvo bajo el control
de España ni de la República de Nicaragua.
Por otra parte, la Revolución Sandinista
de 1979, a
pesar del gran entusiasmo de los muchísimos nicaragüenses que participamos en
ella, ha sido no solo abortada, sino que su recuerdo está, hoy por hoy,
confiscado y privatizado. Dicha revolución, aunque implicó el derrocamiento
violento de la dictadura somocista, y tenía inicialmente intenciones de revertir
las estructuras sociales y las formas de gobierno, terminó finalmente en un
rotundo fracaso, ya que las estructuras económicas, sociales y políticas de
hoy, son en esencia, las mismas que existían en la época somocista, Lo único
que ha cambiado son los nombres de los actores.
3.
La situación actual
De la dictadura familiar de los Somoza de casi 40
años, hemos pasado a la dictadura actual. Las viejas oligarquías siguen en el
poder en estrecha alianza con la nueva oligarquía gobernante. El caudillismo,
la corrupción, el clientelismo, y el despotismo reinan, hoy como ayer, en
Nicaragua.
Somoza, también era “cristiano y solidario”: introdujo
El Código del Trabajo y el Seguro Social en Nicaragua, y aparecía en fotografías con el Arzobispo de Managua.
De la Reforma Agraria de los ochenta, solo queda para los campesinos el recuerdo:
las tierras confiscadas --millones de manzanas-- quedaron en manos de la nueva
oligarquía “revolucionaria, socialista, cristiana y solidaria”. Igual sucedió
con los centenares de fábricas y mansiones del “Área Propiedad del Pueblo”.
A pesar de todo nuestro pasado, en la Nicaragua de hoy,
podemos unidos todos en una gran alianza patriótica y democrática, fundar y
reconstruir los cimientos de la nación, para que Nicaragua pueda llegar a ser
una verdadera república democrática, libre, independiente, próspera y
verdaderamente solidaria.