¡ORGANIZARNOS PARA
RESISTIR Y VENCER!
Asdrúbal Medina
1. Persiste el equilibrio
catastrófico
A pesar de la
despiadada represión implementada por la dictadura que incluye detenciones
arbitrarias y asesinatos selectivos, el sentimiento de rebeldía e indignación
que generaron los sucesos de abril en la mayoría de nuestro pueblo sigue
intacto. El movimiento campesino, el movimiento estudiantil y la población en
su conjunto parecieran esperar un momento propicio para desencadenar una
movilización sin precedentes que le daría el golpe definitivo a la dictadura
que actualmente oprime a toda la sociedad nicaragüense.
La dictadura ha sido incapaz de recuperar hegemonía y legitimidad
dentro de la sociedad nicaragüense y se mantiene a punta de palo y plomo. La
represión indiscriminada es el único argumento de que dispone para seguir
usurpando el poder en Nicaragua.
Sin embargo, las
fuerzas opositoras no encuentran todavía el camino que las conduzca hacia la
victoria. Ni Ortega puede derrotar a la pujante revolución democrática que le
atosiga, ni la revolución democrática ha podido derrotar a Ortega. Se vive lo
que se podría denominar un equilibrio catastrófico, ya que cada día que pasa en
estas condiciones se hace más difícil y penosa la vida para la población
nicaragüense y todo parece indicar que nos conducimos hacia el abismo económico
y social.
Quienes dirigen a
las principales fuerzas opositoras del país han delineado como las principales
herramientas políticas a utilizar en esta lucha la presión pacífica interna y
externa y las negociaciones con la dictadura para generar una salida electoral
y constitucional que nos permita desembarazarnos sin violencia de la terrible
pareja que gobierna en nuestro país.
Sin embargo, los
mecanismos de presión pacífica no han sido tan efectivos. La posibilidad de
movilizarse del pueblo nicaragüense se ha sido bloqueada por el montaje de un
dispositivo represivo cuya efectividad es evidente, dado que tiene como contrapartida
la desorganización de la población que mayoritariamente adversa a Ortega. La
desobediencia civil es mínima, producto de la indisposición de las clases
poseedoras a asumir una posición beligerante contra el orteguismo y la
desorganización de los sectores populares que limita sus capacidades de actuar
coordinadamente en acciones de esta naturaleza. Y por último la presión
internacional camina a “paso de tortuga”, pues en este escenario se generan
problemas que ponen en un segundo o tercer o cuarto plano la problemática
nicaragüense, tal como es el caso del ataque que sufrieron las refinerías de
Arabia Saudita. Todo ello hace que el empantanamiento continúe sin perspectivas
de solución.
El Ejército, que podría ser parte de la solución, no da visos de
querer involucrarse en aras de solucionar el problema y más bien parecen ser
parte del problema. Al parecer el Estado Mayor está coludido con Ortega en inversiones económicas. Las posibilidades
de una rebelión en el Ejército pareciera que solo podría darse a partir del
involucramiento de la oficialidad media en contra de sus generales. Lo que
complica aún más el asunto.
2. ¿Son las
Elecciones una solución?
Elecciones libres,
justas y transparentes es la panacea que nos han servido en bandeja los
principales dirigentes de la Alianza Cívica y de otras fuerzas políticas
internas e inclusive de representantes de países que dicen apoyar la revolución
democrática en Nicaragua
Sin embargo, la salida de elecciones libres, justas y
transparentes requiere de las siguientes premisas: a) que la dictadura esté
dispuesta a restaurar las libertades democráticas y levantar el estado de
sitio de facto que impera en el país; b) que se realice una profunda reforma
electoral, acompañada inevitablemente de reformas constitucionales; y c) que
después de los abusos cometidos por la dictadura de abril a la fecha, los
sectores populares se encaucen pacífica y ordenadamente en un proceso
electoral.
De estas tres
premisas solo la segunda parece ser viable y es lo que percibe la dictadura. A
ésta le horroriza la idea de que con la restauración de las libertades
democráticas se repitan, revigorizados por la experiencia y el avance
organizativo, los sucesos de abril que pondrían en peligro extremo su
existencia.
Para la dictadura solo son posible elecciones sin libertades
democráticas, elecciones con estado de sitio de facto y, obviamente,
esas elecciones no serían ni libres, ni justas, ni transparentes. Serían
elecciones a la medida de la dictadura para preservar su poder.
3. ¿Es posible
una intervención militar de
USA?
Esta salida se ha venido trabajando
como una de los posibles escenarios. Sin embargo, está debilitada por los
siguientes factores:
Existen muchos
frentes abiertos con los que está lidiando la administración norteamericana de
turno: el problema de Venezuela; el Medio Oriente –que se acaba de calentar de
manera significativa con el ataque de drones a las refinerías sauditas–; la
guerra comercial con China; los conflictos de intereses con Rusia, Turquía; las
posibilidades del juicio político en contra del Presidente y el grado de
polarización interna en USA me parece, limitan una acción armada, que
implicaría algunos riesgos si hay resistencia de parte del Ejército, la
Policía y de los grupos paramilitares
armados de Ortega. Sería otro frente a resolver acompañado del complicado y
empantanado frente contra Venezuela. Por el momento creo que deberemos
descartar esta posibilidad.
4. ¿Puede recuperarse Ortega y
ejercer nuevamente el control y la dirección del país?
Hay analistas políticos, como Edmundo Jarquín y otros, que dicen
que esto es imposible y sostienen que Ortega está derrotado estratégicamente e
incapacitado para restablecer sus alianzas. A mi parecer esta posición es
errada y peligrosa, pues puede conducir a la pasividad y a la generación de
errores en el accionar, dado que según este analista, hágase lo que se haga la
victoria es nuestra.
Pero nada más alejado de la realidad. En efecto, Ortega se
encuentra con una tremenda desventaja estratégica. Su pérdida de legitimidad a
nivel nacional e internacional es casi absoluta. Su permanencia en el poder
está fundamentado en la represión y las armas, en la pasividad de las fuerzas
internacionales y en la incapacidad de
quienes le adversamos internamente para encontrar formas que burlen y desmonten
el dispositivo represivo. Pero está jugando y aspira modificar la situación y
vencer en definitiva.
Ortega apunta a recuperar
legitimidad, mediante las elecciones con democracia restringida y reestablecer
sus alianzas con el gran capital y otros sectores de la burguesía criolla,
portarse como buen muchacho ante el poder del norte (USA) y hacer que el pueblo
acepte su proyecto de dominio a través de la intervención de sus socios y el
declive y la desmoralización de los sectores más combativos.
Ortega está
jugando, no ha sido derrotado todavía y aspira a recuperarse.
5. ¡Organizarse para resistir y vencer!
Las condiciones son difíciles y
presentadas esquemáticamente son las siguientes:
- La revolución democrática está viva esperando el momento propicio para tomar el cielo por asalto.
- Ortega ha estructurado un dispositivo represivo sólido que se sustenta fundamentalmente en la Policía y los paramilitares. Con ellos ha creado su propio ejército privado, sin menoscabo de que ello genere contradicciones internas en la institución policial.
- Una parte importante del Estado Mayor del Ejército parece estar coludida con Ortega en actividades de corrupción y enriquecimiento ilícito, lo que dificulta la participación de esta institución en una salida a la crisis.
- La presión internacional camina a paso de tortuga y las posibilidades de una intervención militar de USA son remotas.
- Las elecciones tampoco presentan una salida a la crisis, pues Ortega no tiene capacidad para permitir elecciones libres, justas y transparentes. Sería como pedirle que se suicide. Las únicas elecciones posibles con Ortega en el poder son las elecciones bajo estado de sitio de facto, con su ejército paralelo de policías y paramilitares reprimiendo y controlando a la oposición.
- Ortega sigue jugando y a pesar de su desventaja estratégica puede reacomodarse si logra ganar legitimidad aun con elecciones sin libertades democráticas, si recompone su alianza con el gran capital y otros sectores de la burguesía criolla, si se porta como buen muchacho ante los gringos y si diezma y desmoraliza los sectores de vanguardia de la rebelión democrática.
Ante esta situación, lo viable y posible es organizarse para
resistir evitando que Ortega nos desmoralice y nos liquide; es decir, debemos
organizarnos y luchar para mantener viva la llama de la rebelión. Es vital que
el proceso organizativo genere protestas y movilizaciones relámpagos donde el
aparato represivo es más vulnerables y jugar a ser nosotros quienes los
desmoralicemos a ellos.
En estos momentos,
la revolución democrática demanda organización, organización y más organización
para resistir y vencer en una lucha prolongada. Debemos utilizar todos los
resquicios y fisuras que presente el aparato represivo para golpear. En el peor
de los casos, si Ortega logra organizar y participar en elecciones que
obviamente no serían limpias, justas y transparentes, el inmenso repudio que
ellas producirían generaría fisuras y resquicios que podríamos utilizar para
fortalecer nuestra organización y proseguir la lucha que acabe con la
dictadura.