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1.04.2020

LA CRISIS POLÍTICA EN BOLIVIA


Lo acaecido en Bolivia, tal como lo sucedido en Chile, Colombia, Nicaragua, Ecuador, se ha llevado a cabo bajo el asombro de políticos, politólogos, periodistas y todo el conjunto de creadores de opinión pública a lo largo y ancho de nuestra américa latina. El abandono súbito del poder de un presidente exitoso producto de la presión popular y la presión militar ha ocurrido en un país donde predominaba la “calma social”, con el mayor índice de crecimiento de Latinoamérica y  con el más bajo nivel de delincuencia en la región. Solvente, sin deudas con el FMI. Con una disminución histórica de la pobreza y unas mejoras históricas en salud y educación. Un Estado que se había declarado “Estado plurinacional”, en el reconocimiento de los derechos de los pueblos originarios. Con recursos muy apetecidos en la época actual, como el Litio cuyos yacimientos  comprenden el 70% del litio de la región. Es decir, lo sucedido en Bolivia es una especie de “caída de un rayo en cielo sereno”.

La salida de Evo Morales del poder tiene varias interpretaciones. Una que expresan las fuerzas que le adversan. Estos sostienen que su renuncia fue producto de la presión popular ante las irregularidades cometidas en un proceso electoral, en donde el conteo de los votos fue deliberadamente interrumpido para adjudicarle fraudulentamente el triunfo a Morales en la primera vuelta, por tanto su salida es legítima.

La otra interpretación, sostenida principalmente por los seguidores o quienes apoyan a Evo Morales,  expresa que lo que hubo en Bolivia fue un golpe de Estado descarado que se concreta en la sugerencia que le hicieran los militares para que renuncie Morales, acompañado de una huelga del cuerpo policial, quienes se niegan a reprimir, en los momento más críticos de las movilizaciones de protestas contra Morales después que hubiera sido declarado por el Tribunal Supremo Electoral como ganador de las elecciones en primera vuelta.

La realidad es que Evo presentaba serios inconvenientes de popularidad para ganar en primera vuelta y al mismo tiempo se habían fraguado aviesas intenciones para despojarlo del poder. La  combinación de estos dos  factores generó la crisis y la situación de inestabilidad que actualmente se vive en Bolivia.

Después de 14 años de gobernar la popularidad de Evo había decrecido, se había mermado, inclusive en las zonas donde su popularidad era mayor, como es el caso de algunos territorios indígenas. En ello habían influido el irrespeto a la voluntad popular al no aceptar, e instrumentalizar al Tribunal Supremo de Justicia para ello, los resultados de un plebiscito en donde la mayoría del pueblo boliviano le decía no a la reelección y en segundo lugar la represión policial en 2011 de una movilización indígena que marchó contra Morales para protestar contra la construcción de una carretera que atravesaría una reserva natural protegida. Al momento de las elecciones Evo Morales no estaba en su mejor momento de popularidad y si no se atisbaba una derrota en la primera vuelta, era muy posible que en el balotaje pudiera ser derrotado. Se especula, y decimos se especula porque no se ha comprobado con contundencia, que para evitar el balotaje Evo, a través del Tribunal Electoral, impulsó una serie de irregularidades en el conteo de los votos para adjudicarse la victoria en la primera vuelta.

Sin embargo, no puede dejar de soslayarse que a la par de los errores cometidos por Evo en su gestión gubernamental, también estaba en marcha una conspiración para echarlo del poder y no precisamente por sus errores, sino más bien por sus aciertos. En 2006 Evo Morales procedió a nacionalizar los hidrocarburos, convirtiéndose en la piedra angular de su política. Ello le permitió  obtener ingentes recursos para impulsar una tasa elevada de inversión pública, que fue decisiva para la tasa de crecimiento económica boliviano, el más alto de Latinoamérica en los últimos 12 años. Como todos sabemos, esto de las nacionalizaciones no son bien vistas por las fuerzas tanto externas como internas, que promueven lo que se ha llamado  “neoliberalismo” o “capitalismo salvaje”.

A ello había que sumarle que Bolivia cuenta con la mayor reserva de litio de la región y una de las reservas más grandes del mundo. El litio es la principal materia prima para fabricar las baterías de los automóviles eléctricos, por lo que tiene una alta demanda potencial y es un recursos geoestratégico tan o más importante que el petróleo. El gobierno de Evo Morales había concertado acuerdos con empresas alemanas y chinas para la explotación de este importante recurso, cuyos mercados principales iban a ser Asia y Europa.

Precisamente a inicios de octubre la región de Potosí se vio envuelta en una serie de protestas organizadas por el “Comité Cívico” de Potosí (los “Comités Cívicos” son los organismos dirigidos por el fundamentalista religioso Luis Fernando Camacho a través de los cuales se realizaron las movilizaciones contra Evo en el período post electoral) obligando a Evo a derogar el decreto mediante el cual se había conformado una empresa mixta alemana-boliviana para exportar litio a Europa.

De ahí que nos atrevamos a concluir que en la caída de Evo del poder en Bolivia influyó de manera determinante, además de sus errores y su desgaste político, una conspiración bien fraguada por fuerzas internas y externas interesadas en recuperar el control, mediante la privatización, de la explotación de los hidrocarburos y la explotación de Litio en los años venideros.

Como era de esperarse con la salida de Evo, casi de manera inmediata se instaló un gobierno cuya legitimidad tiene, como mínimo, un altísimo porcentaje de duda. La vicepresidente del parlamento boliviano sin quórum suficiente en el parlamento se autodenominó presidente de Bolivia, con el apoyo de los militares, la policía que días atrás se había declarado en huelga.

La crisis en Bolivia apenas comienza y es evidente que existen fuerzas internas y externas que dirigirán su accionar en pro de la reprivatización de los hidrocarburos y el control de los yacimientos de Litio. El conflicto político y social por el control de esos recursos  ya está planteado y se desarrollará vertiginosamente en los tiempos venideros. ¡A eso pónganle sello!

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