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7.08.2019

LA SITUACIÓN ACTUAL Y REFLEXIONES EN TORNO AL DIÁLOGO

ANTECEDENTES DE LA ACTUAL SITUACIÓN

Tras largos años de soportar estoicamente toda suerte de atropellos a su dignidad y derechos, el pueblo nicaragüense, el 18 de abril de 2018, se insurreccionó. Y su insurrección, que a lo largo del tiempo ha adoptado múltiples e ingeniosas modalidades, esencialmente cívicas, persigue arrojar del poder a Ortega y la brutal banda que lo rodea, llevarlos de inmediato ante la justicia, y establecer en nuestro país un sistema genuinamente democrático en el que no encuentre espacio la corrupción.

En respuesta, la dictadura desató una criminal represión cuyo trágico saldo han sido centenares de muertos, miles de heridos y secuestrados, y decenas de miles de exiliados. Más se equivocó cuando creyó que de esa manera iba a doblegar a la ciudadanía; pues, lejos de ello, una enardecida población ha resistido heroicamente, y su repudio hacia la dictadura se ha extendido y exacerbado. La profunda crisis socio-política-humanitaria que dicha represión desató ha dañado severamente la economía del país, y provocado que la comunidad internacional y sus organizaciones vuelvan sus horrorizados ojos hacia Nicaragua. Consecuencias inmediatas, la alianza del régimen con importantes sectores de la iniciativa privada, encabezada por el gran capital, se encuentra deteriorada; la inversión extranjera se ha estancado; la comunidad internacional ha tomado medidas de orden político y económico contra el régimen y algunos de sus personeros; y las bases del orteguismo se han debilitado. 

El esfuerzo más visible para enfrentar la crisis en su etapa actual y abortar la posibilidad de que desemboque en una guerra civil o una intervención militar, es algo a lo que han llamado “Diálogo Nacional”. En gran medida porque es el único conveniente, por manipulable, para el orteguismo, que fue quien lo solicitó. Y porque la única opción justa, la ideal para un futuro mejor, esa que empieza con la remoción inmediata de Ortega, el desmantelamiento de su oprobioso sistema, y la instauración de un gobierno provisional, demanda un grado de organización popular que hasta el día de hoy está ausente, aunque haya esfuerzos más bien desordenados por alcanzarlo. Urge, pues, establecer coordinaciones y forjar alianzas que acerquen esa meta.

REFLEXIONES EN TORNO AL DIÁLOGO Y COSAS CONEXAS

1. La organización denominada Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia (ACJD), atribuyéndose la representación del pueblo nicaragüense en ese Diálogo, es quien negocia, con delegados de la dictadura, alguna posible solución a la crisis. Solución de la cual forman parte, hasta donde se sabe, la liberación de los secuestrados, el respeto a los derechos humanos, y la celebración de elecciones limpias y adelantadas que resulten en justicia y democracia. Todo ello sin entrar en los cruciales detalles. 

2. No se conocen a ciencia cierta los orígenes de esa organización ni como fueron escogidos sus representantes en el Diálogo. Pero llama la atención que la abrumadora mayoría de ellos son personas a las que se asocia con conocidas organizaciones de la empresa privada; luego, están otras claramente vinculadas a cierta organización política; y, finalmente, hay un solitario e incógnito estudiante.

3. Esta escasa transparencia ha dado lugar a especulaciones acerca de que intereses representa y defiende en su conjunto la ACJD. Parece claro que, para empezar, están los del gran capital tradicional y los de Washington. Extrañamente, también el Vaticano parece tener intereses más bien terrenales en el asunto, como lo hacen sospechar la actitud del Nuncio y la expulsión de Báez. Justo es destacar aquí el papel valiente, crucial y humano que ha desempeñado la Iglesia Católica nacional.

4. Es obvio que la banda orteguista lucha por aferrarse al poder, la impunidad, y las riquezas saqueadas a los pueblos nicaragüense y venezolano. Por llegar intacto al 21 y más. Desde luego, tiene un plan B que consiste en tratar de revivir, si se vuelve inevitable, alguna variante del gatopardo que parió en 1990. Ojo, no vaya a surgir una nueva diligente partera o partero. U otro grupo de personas distintas, pero con las mismas mañas. ¡Esto es vital!

5. El sector privado, particularmente el gran capital tradicional, está esencialmente interesado en que mejore el clima para sus negocios. Lo cual no es posible en tanto Ortega posea el poder absoluto, tienen que saberlo. Por razones internas e internacionales. También deben haber comprendido que los beneficios que por once años les otorgó fueron el cebo con el que compró el tiempo necesario para ejecutar sus nauseabundas maniobras y construir sus poderosas empresas familiares y las de sus secuaces. Ahora no los necesita, son competidores a los que hay que mantener bajo control mediante el poder político. Tiene sentido suponer que este sector desea deshacerse, mientras más pronto mejor, del orteguismo, y trabajar con un gobierno más afín, sobre el que pueda ejercer sólidas y seguras influencias y del que no espere traidoras puñaladas. Difícilmente se puede confiar en que, de pronto, empiece a propugnar cosas tan etéreas como la justicia y la democracia.

6. El repudio de la comunidad internacional al orteguismo ha tenido sus manifestaciones más concretas con la aplicación de sanciones personalizadas. En lista de espera se encuentran la Nica Act y las que impondría la Carta Democrática, posiblemente seguidas, entre otras, por la expulsión del CAFTA y el ADA. Es claro que, aún en el caso extremo de Washington, no están ausentes razones principistas detrás de ese repudio. Pero Washington tiene motivaciones más poderosas. Por una parte, de geopolítica, pues es obvio que la creciente presencia e influencia rusa les resulta intolerable, un peligro para su seguridad; por la otra, Trump corteja, para sus propósitos reeleccionistas, el importante voto anti castrista. En consecuencia, no es difícil concluir que los Estados Unidos, posiblemente con mayor convicción que su socio más cercano, el gran capital tradicional, ha decidido que el orteguismo debe ser arrancado de raíz. No más experimentos como el de 1990.

7. Por consiguiente, la criminal banda enfrenta a la inmensa mayoría del pueblo nicaragüense; al sector que encabeza el gran capital; y a la comunidad internacional. Cada quien con sus objetivos particulares. Para ello cuenta tan sólo con el dudoso apoyo de Rusia, el más dudoso aún de China, y la aparente pasividad del ejército. El Diálogo, pese a todos los cuestionamientos que se le pueda hacer, no ha diluido este enfrentamiento, como deseaba la dictadura, a la cual, por el contrario, se la contempla desesperada, exigiendo con fingida altanería que la ACJD solicite el retiro de las sanciones, profiriendo torpes insultos, y hasta hablando de retirarse de las negociaciones. Su manera de luchar, guardando las apariencias para no alienar más a sus bases, por lograr que de esas negociaciones emerja una salida bondadosa que le permita sobrevivir, oxigenarse, acumular fuerzas... 

Las esperanzas son lo último que se pierde.

Managua, 7 de mayo de 2019

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